domingo, 22 de mayo de 2011

Patricia Garret: Testimonio de dolor

Norteamericana detenida en 1973 en el Estadio Nacional "vuelve al sitio del suceso" y revela los traumáticos episodios que vivió: “En tres días vi como mataban a 500 personas”.

Luego de 37 años, Patricia Garret volvió a Chile y recorre los lugares donde fue violentada por los militares golpistas. Ella y un grupo de presos políticos están trabajando para hacer un monumento a los muertos, torturados y desaparecidos en el principal recinto deportivo del país. Asegura que volver al lugar ha sido en "estado de shock, porque revives todo".


Siguiendo una tendencia mundial, como las rutas para conocer los campos de concentración en Europa (sólo Auschwitz recibe más de un millón de visitas anuales), o los restos del muro de Berlín, en Santiago los antiguos centros de detención y tortura abiertos al asumir el poder la dictadura de Augusto Pinochet en 1973 se están convirtiendo en verdaderos museos visitados por un número creciente de extranjeros.


Uno de ellos es el Estadio Nacional que entre el 12 y el 13 de septiembre del 73 se habilitó como recinto para los detenidos, transformándose el más grande que existió, llegando a tener unos 15 mil detenidos, según estimación de la Cruz Roja Internacional.

Una película que postuló al Oscar a fines de los 70 recreó la tortura de un detenido desaparecido de nacionalidad norteamericana. Esa película se llamó Missing (Desaparecido) y en el papel principal trabajó el afamado gran actor Jack Lemmon que hizo el papel del padre de un joven norteamericano que vivía en Chile y es arrestado por los militares golpistas que lo llevan detenido justamente al Estadio Nacional. Este padre viaja a Chile (en la película) a buscar rastros de su hijo y ahí se da cuenta de la participación de la embajada de Estados Unidos de la época (como no) en la asonada golpista. Obviamente su hijo no apareció nunca.
La historia es real y la película se grabó en México (obviamente la dictadura no permitió su grabación) y mostró la crueldad de los militares con los cerca de quince mil detenidos que pasaron por nuestro principal coliseo deportivo.


De ese número, la misma fuente estima que entre 200 a 300, eran extranjeros de diversas nacionalidades. Este lugar estaba al mando de un coronel del Ejército ( Jorge Espinoza Ulloa), y hasta allí fueron trasladadas personas provenientes de todos los lugares de Santiago, detenidas en circunstancias y con características muy diversas.


37 años después se revive el dolor

Hoy, después de 37 años, la socióloga estadounidense Patricia Garret, es una de los extranjeras que recorre el recinto, donde -según nos cuenta- vivió los momentos más duros y fuertes de su vida durante ese periodo. Su recorrido le sobrecoge con los recuerdos tenebrosos de ese año.


"Conocí el miedo, viví con este sentimiento durante mucho tiempo, pero no por mí sino más bien por mi familia y mis amigos, porque creía que les podría pasar algo por mi culpa", relata la mujer de profesión socióloga.


Garret fue tomada prisionera por accidente, como cuenta en conversación con Cambio21: "Yo vivía junto a mi esposo chileno -que también fue detenido- por el simple hecho de ayudar a unos vecinos que necesitaban comida. Mi intención no era otra que pedir ayuda para ellos porque tenían un bebé y él necesitaba alimentarse".


"Evite involucrarme en el mercado negro y cosas así para evitar que me hicieran algo, pero aún así sucedió y me llevaron junto a mi esposo al Estadio Nacional", señaló la estadounidense.


Para ella volver al recinto fue doloroso: "Siempre quise hacerlo, pero tenía miedo, además pensaba que algo podía pasarme, entonces no estaba en condiciones de poder asimilar esta situación, que es como un verdadero shock...porque en el fondo revives todo"


Patricia Garret fue agredida pero nunca fue torturada, aunque asegura que su marido sí recibió golpes. "Creo que fuimos afortunados porque a pesar de la pesadilla que vivimos, no fuimos dramáticamente violentados como los otros extranjeros. Nosotros vimos personalmente el fusilamiento en tres días de 400 o 500 personas, en grupos de 30 o 40 en el Estadio Nacional", afirma.


"Es muy difícil para nosotros establecer el número total de detenidos. Sin embargo, estaba en constante crecimiento. Cuando fuimos registrados en el Estadio Nacional, nuestros nombres fueron anotados en un libro especial para extranjeros. En ese momento el libro estaba abierto en su mitad y las páginas abiertas que nosotros firmamos contenían alrededor de 40 nombres. Unos sacerdotes marianistas norteamericanos me dijeron que habían contabilizado 153 extranjeros en sus salas; nosotros vimos un grupo cercano a 50 latinoamericanos siendo liberados, todos estaban organizados por países y representaban prácticamente a toda América Latina", aseguró la socióloga.


Tras su difícil experiencia, Garret junto a otros extranjeros, están buscando los recursos para crear un monumento a la memoria en el Estadio Nacional. "Quiero dedicarme a eso, porque es algo que no debemos olvidar".


La vida de los prisioneros


Los detenidos en el Estadio Nacional dormían en los camarines y en el salón de la torre, lugares que carecían de camas, con excepción de las dependencias habilitadas para mujeres, que disponían de colchonetas.


Algunos organismos internacionales humanitarios, posteriormente donaron frazadas, las que en todo caso fueron manifiestamente insuficientes para el alto número de personas privadas de libertad en ese lugar.


Los detenidos permanecían en un régimen de incomunicación, por cuanto no estaban autorizadas las visitas de familiares o abogados, y en general de personas provenientes del exterior. A las familias de los prisioneros, sólo se les permitía llevarles vestuario y alimentación.


Los detenidos pasaban la mayor parte del día sentadas en las graderías, por donde se paseaba una persona encapuchada reconociendo a militantes de izquierda, los que eran separados del resto de los detenidos. Luego de la remodelación del Estadio Nacional, la ex presidenta Bachelet convino con las agrupaciones de detenidos políticos, declarar zona de monumento nacional a un pedazo de las graderías en la denominada escotilla ocho, donde aún existen los mismos maderos que existieron para 1973 y donde los detenidos solían tomar sol o un poco de aire.


Se tiene evidencia de la práctica de torturas y grandes malos tratos a los detenidos del Estadio Nacional, por ejemplo en el recinto de la enfermería que en algunas oportunidades se utilizó para esos fines; también se sabe de simulacros de fusilamiento y otros métodos inhumanos. En general, los detenidos eran sometidos a constantes e intensos interrogatorios.

Fuente:http://www.irradiador.com/bmet/diario/show/108131

sábado, 21 de mayo de 2011

Centros de detención durante dictadura militar

Centros de detención .Inmediatamente después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, los nuevos mandos establecieron campos de concentración a lo largo de todo el territorio chileno, en los cuales se cometieron en forma sistemática y en total impunidad, los delitos de terrorismo de Estado, persecución política, tortura, secuestro calificado, homicidio, desaparición forzada e inhumación ilegal, entre otros crímenes.

Regimientos, comisarías, bases aéreas, casas de fundo, retenes, escuelas, edificios públicos, buques y casas particulares, fueron utilizados por los servicios de seguridad. A lo largo del país se establecieron lugares “públicos” (Estadio Nacional, Isla Dawson, Pisagua, Chacabuco, Isla Quiriquina, Cuatro Álamos etc.) y “secretos” (Villa Grimaldi, La Firma, Colonia Dignidad, Venda Sexy, Londres 38, José Domingo Cañas, etc.), destinados a la detención, procesamientos, torturas y asesinatos de los opositores de la dictadura militar.

La lista es extensa, a continuación rescatamos los centros de detención en los que, se conoce, permanecieron, militantes del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) que fueron posteriormente asesinados o hechos desaparecer.

Campamento de Prisioneros de Pisagua


Provincia de Tarapacá, I Región.


Campamento de Prisioneros de Pisagua fue utilizado, desde septiembre de 1973 hasta octubre de 1974, como centro de detención y tortura. Después del 11 de septiembre se organiza un campamento militar para albergar a los presos políticos, especialmente de la zona norte, bajo la dependencia de la Sexta División del Ejército.

Durante su funcionamiento estuvieron prohibidas las visitas de familiares y de funcionarios de organismos de derechos humanos. En Pisagua todos los detenidos eran interrogados, y todos los interrogatorios estaban precedidos o acompañados por golpes y aplicación de electricidad.

En junio l990, producto de las investigaciones judiciales iniciadas en Pisagua, se descubrió una fosa, adjunta al Cementerio, donde se encontraron 19 cuerpos. Ellos corresponden a personas cuya ejecución había sido reconocida por la autoridad. (siete en virtud de sentencias pronunciadas por consejos de guerra, cinco por sentencia de muerte en consejos de guerra cuyo texto se desconoce y siete por la aplicación de la denominada Ley de Fuga).

Los restos estaban dispuestos en tres niveles en correspondencia con las datas de muerte. Todos los cuerpos se encontraban ensacados y con varios impactos de bala. La mayoría presentaba claros e inconfundibles vestigios de haber tenido vendas en los ojos y las manos amarradas.

En este centro estuvo detenido:

José Rufino Córdova Croxato. 35 años. Ejecutado. Pisagua, Octubre 1973.


Campamento de Prisioneros de Chacabuco


110 km. de Antofagasta, Desierto de Atacama, II Región.


Se ubicaba a 110 kms. de distancia de Antofagasta, en medio del desierto de Atacama. En la antigüedad era un pequeño pueblo donde funcionaba la compañía minera de nitrato, Sociedad Química y Minera de Chile (Soquimich). El pueblo se encontraba abandonado desde 1938 y se usaba para prácticas militares del ejército.

Funcionó desde principios de noviembre de 1973, hasta abril de 1975. El campo de prisioneros estaba a cargo de la Primera División del Ejército de Antofagasta, pero la guardia rotaba entre el ejército, la Fuerza Aérea y personal de Carabineros.

Los presos (El número oficial de presos políticos variaba entre 600 y 1.000) vivían en corredores de adobe que contenían diez casas pequeñas. Cada una era de dos o tres pisos y mantenía a seis presos. Había un comedor de uso común y no contaba con luz eléctrica hasta julio de 1974. Muchos presos fueron dejados en libertad a principios de 1974, período en el cual nuevos prisioneros fueron traídos a Chacabuco. El campo empezó a vaciarse gradualmente en julio de 1974, en la medida que los internos eran trasladados a diferentes campos de concentración.

En este centro estuvo detenido:

Oscar Vega González. 67 años. Muerto por suicidio, Chacabuco, Noviembre 1973.

Cuatro Álamos


Vicuña Mackenna, Paradero 5, Santiago, Región Metropolitana.


Cuatro Álamos era administrado directamente por la DINA estaba ubicado en la calle Canadá a la altura del 3.000 de Vicuña Mackenna, Paradero 5, al interior del Campamento de Detenidos de Tres Álamos dirigido por Carabineros, consistía en una serie de doce celdas pequeñas, una celda grande y oficinas, funcionó desde abril de 1974 hasta 1977.

Los prisioneros generalmente ingresaban a Cuatro Álamos en condiciones físicas deterioradas, luego de haber sido sometidos a interrogatorios y torturas en otros centros de detención y con los ojos vendados debido a que se pretendió hacer de este un recinto un centro de reclusión secreto. Con el tiempo las autoridades de Gobierno, reconocieron a Cuatro Álamos como pabellón de incomunicación de Tres Álamos. Este fue el único lugar de detención e incomunicación reconocido por la DINA y se mantuvo prácticamente durante todo el período de funcionamiento de ese organismo.

Los prisioneros que permanecían en Cuatro Álamos podían ser vueltos a llevar a los centros secretos de detención y tortura o podían ser sacados de allí para acompañar a los agentes de la DINA a practicar detenciones, si las circunstancias lo requerían. En ese estado de espera o "disponibilidad", podían pasar largo tiempo, algunos eran sacados y hechos desaparecer, en esos casos la aprehensión nunca era reconocida a pesar que el detenido hubiera sido visto por numerosas personas. Aquellos a quienes no se necesitaba volver a interrogar o utilizar para practicar detenciones, y que ya se habían recuperado del trato sufrido en otros recintos, eran trasladados por lo general a Tres Álamos o a otro recinto oficialmente reconocido. A partir de ese momento podían recibir visitas y eran incluidos en las listas oficiales de detenidos.

Estuvieron en este centro de detención:

Luis Eduardo Duran Rivas. 29 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.

Sergio Hernán Lagos Hidalgo. 30 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.

Héctor Patricio Vergara Doxrud. 32 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.



Estadio Nacional


Avenida Grecia 2001, Ñuñoa, Santiago, Región Metropolitana.

Entre el 12 y el 13 de septiembre se habilita el Estadio Nacional, el centro de detención más grande que existió en la Región Metropolitana, llegando a tener unos 7.000 detenidos al día 22 de septiembre, según estimación de la Cruz Roja Internacional.

Este lugar estaba al mando del Ejército, y hasta allí fueron trasladados detenidos provenientes de todos los lugares de Santiago.

Los detenidos en el Estadio Nacional dormían en los camarines y en el salón de la torre, lugares que carecían de camas, con excepción de las dependencias habilitadas para mujeres, que disponían de colchonetas. Algunos organismos internacionales humanitarios, posteriormente donaron frazadas, las que en todo caso fueron manifiestamente insuficientes para el alto número de personas privadas de libertad en ese lugar. Los detenidos permanecían en un régimen de incomunicación, por cuanto no estaban autorizadas las visitas de familiares o abogados, y en general de personas provenientes del exterior. A las familias de los prisioneros, sólo se les permitía llevarles vestuario y alimentación.

Las personas pasaban la mayor parte del día sentadas en las graderías del Estadio, por donde se paseaba una persona encapuchada reconociendo a militantes de izquierda, los que eran separados del resto de los detenidos. (Años más tarde se logró establecer que ese encapuchado era un ex militante del Partido Socialista, Juan Muñoz Alarcón, “el encapuchado del Estadio Nacional” quien colaboró con los servicios de seguridad del régimen militar, los que abandonó en el año 1977, fecha en que concurre a un organismo de derechos humanos a dar su testimonio. El cuerpo sin vida de Juan Muñoz Alarcón fue encontrado en un sitio eriazo en la comuna de La Florida, con múltiples heridas de arma blanca, el 24 de octubre del año 1977).

Se tiene evidencia de la práctica de torturas y malos tratos a los detenidos, también se sabe de simulacros de fusilamiento y otros métodos de tortura. En general, los detenidos eran sometidos a constantes e intensos interrogatorios. El Informe Rettig indica que logró formarse convicción de algunas ejecuciones ocurridas al interior del Estadio Nacional, así como de varios casos de personas que encontrándose privadas de libertad en ese lugar, fueron sacadas para darles muerte

En este centro estuvo detenido:

Alberto Leiva Vargas. 33 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1973, Paine.



José Domingo Cañas
José Domingo Cañas 1305, Ñuñoa, Santiago, Región Metropolitana.


El recinto José Domingo Cañas, conocido por los agentes de la DINA como “Cuartel Ollague”, funcionó como recinto secreto de detención y de tortura, aproximadamente entre agosto y noviembre de 1974. Estaba ubicado en el No 1305 de la Calle José Domingo Cañas con República de Israel, comuna de Ñuñoa, Santiago.

Este recinto fue un local de transición, usado desde el fin del funcionamiento de Londres 38 y hasta comienzos del funcionamiento de Villa Grimaldi. Los interrogatorios estaban a cargo de suboficiales al servicio de la DINA. Los detenidos eran mantenidos en una pieza común relativamente amplia y en un lugar llamado "el hoyo", que era algo así como una despensa, sin ventanas ni ventilación.

El Comandante de este centro de tortura era el entonces mayor de Ejército, Marcelo Luis Manuel Moren Brito. Al igual que otros centros de tortura de la época, su existencia fue negada por la dictadura. En Agosto de 1979, el Ministro del Interior Sergio Fernández informó que el referido inmueble era efectivamente una dependencia de la CNI, pero que se trataba "de un recinto militar". En Agosto de 1979, el General Manuel Contreras Sepúlveda declaró que la casa de calle José Domingo Cañas había sido un cuartel de la DINA, negando su condición de lugar de reclusión.

Luis Eduardo Durán Rivas. 29 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.

Sergio Hernán Lagos Hidalgo. 30 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.

Héctor Patricio Vergara Doxrud. 32 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1974, Santiago.



Villa Grimaldi
Av. José Arrieta 8.200, La Reina, Santiago, Región Metropolitana.


Ubicada en Santiago, en Av. José Arrieta a la altura del 8.200, comuna de La Reina, Villa Grimaldi fue el recinto secreto de detención y tortura más importante de la DINA. El local, conocido por los agentes como Cuartel Terranova, ya estaba en funcionamiento en 1974, como sede de la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM).

Aparentemente, los primeros detenidos llegaron ya a mediados de 1974, aunque un flujo más regular no se produjo hasta fines de 1974. Hacia el verano de 1975, Villa Grimaldi pasó a convertirse en el centro de operaciones de la BIM, que ejercía la función de represión interna en Santiago. A medida que el número de detenidos fue aumentando se fueron habilitando lugares para su permanencia, los que aparentemente se encontraban diferenciados según la calidad en que se encontraba el detenido y los efectos que se esperaba producir en él. Los lugares más característicos donde permanecían los detenidos dentro de Villa Grimaldi eran:

"La Torre": Se trataba de una construcción como torre, que sustentaba un depósito de agua. En su interior se construyeron unos diez estrechos espacios para la mantención de reclusos. En esa torre también había una sala de torturas. En cada una de estas celdas se mantenía a una o dos personas en un régimen de encierro permanente. Aparentemente las personas llevadas a La Torre eran detenidos de cierta relevancia que habían terminado su etapa de interrogatorios intensos.

"Casas Chile": Estas eran unas construcciones de madera destinadas al aislamiento individual de detenidos, que consistían en secciones verticales similares a closets donde el detenido debía permanecer de pie, a oscuras, durante varios días.

"Casas Corvi": Eran pequeñas piezas de madera construidas en el interior de una pieza mayor. Dentro de cada una de ellas se ubicaba un camarote de dos pisos. Aparentemente era el lugar donde permanecían los detenidos que estaban siendo sometidos al régimen más intenso de interrogatorios y torturas.

Dentro de la Villa Grimaldi había habitaciones especialmente dispuestas para la tortura. Unos agentes aplicaban los distintos métodos de torturas y otros, generalmente oficiales, conducían los interrogatorios. Villa Grimaldi mantenía una actividad permanente, prácticamente sin interrupciones. Los equipos operativos entraban y salían del lugar las veinticuatro horas del día, se traía a detenidos en cualquier momento y se torturaba a toda hora.

En este centro estuvieron detenidos:

Juan Bosco Maino Canales. 27 Años, Detenido Desaparecido. Mayo 1976, Santiago

Elizabeth Mercedes Rekas Urra. 27 Años, Detenida Desaparecida. Mayo 1976, Santiago.


Buque Escuela Esmeralda
Puerto de Valparaíso, V Región.


La Armada empleó como lugares de reclusión, interrogatorios y torturas los barcos "Lebu", "Maipo" y el Buque Escuela "Esmeralda", los tres en el puerto de Valparaíso; la Base Aeronaval "El Belloto", la Academia de Guerra Naval y el "Cuartel Silva Palma".

En el caso del Buque Escuela "Esmeralda", las investigaciones practicadas por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación permitieron comprobar que una unidad especializada de la Armada se instaló, desde el 11 de septiembre de 1973 hasta 1974, en su interior con el objeto de interrogar a los detenidos en la nave y a los que eran traídos desde otros recintos de reclusión de la Armada. Esos interrogatorios incluían torturas y malos tratos.

En este centro estuvo detenido:

Michael Roy Woodward Iriberri. 42 años. Muerto por torturas. Valparaíso, Septiembre 1973.



Tejas Verdes
San Antonio, V Región.


El campo de concentración “Tejas Verdes” estaba ubicado en la Provincia de San Antonio, y era parte de la infraestructura de represión del Ejército. De acuerdo al Informe Rettig “Tejas Verdes” correspondía al Campamento Nº 2 de Prisioneros de la Escuela de Ingenieros Militares "Tejas Verdes", dicho recinto de detención, funcionó como tal desde el mismo 11 de septiembre de 1973 hasta mediados del año 1974.

Testimonios entregados por ex presos políticos que estuvieron recluidos en Tejas Verdes, señalan que en este recinto de detención se utilizó shocks eléctricos, vejaciones y violaciones como práctica diaria en los interrogatorios de los detenidos. Estas declaraciones también señalan que en muchas ocasiones se utilizo médicos y enfermeras para cuidar a los presos que quedaban en mal estado físico después de los interrogatorios, los cuales, después de recuperarse, eran trasladados a nuevas sesiones de torturas.

En este centro estuvo detenido:

Oscar Armando Gómez Farías. 31 años. Ejecutado. Tejas Verdes, Diciembre 1973.


Cárcel de Chillán
Chillán, VIII Región.
La Cárcel Publica de Chillán jugó un rol importante en el proceso de represión en la ciudad de Chillán y sus alrededores. Desde el mismo 11 de Septiembre de 1973 pasó a ser el punto central de procesamiento de los presos-políticos de la localidad, muchos de los cuales eran trasladados al Cuartel de Investigaciones de Chillán o/y al Regimiento de Infantería de Montaña No 9 Chillán (y posteriormente a la Isla Quiriquina), donde eran interrogados y brutalmente torturados.

En el mes de noviembre de 1973 en este recinto había por lo menos 247 detenidos a disposición de las autoridades militares. Varios de los detenidos desaparecidos de la región fueron vistos por última vez en estos recintos de detención.

La situación de los presos políticos en la cárcel de Chillán era precaria, al mismo tiempo que eran víctimas de continuos abusos físicos y verbales por parte de gendarmería y carabineros. Aquí se mantuvo a muchos presos políticos incomunicados por semanas en pequeñas cuartos, sin luz o abrigo. En los años posteriores al golpe militar la cárcel se utilizó como centro de detención de presos políticos que cumplían largas condenas de prisión impartidas por las cortes militares.

En este centro estuvo detenido:

Reinaldo Luis Jeldres Riveros. 33 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1973, Chillán.



ISLA QUIRIQUINA

Talcahuano, VIII Región.
La Isla Quiriquina está ubicada frente a la Bahía de Talcahuano, en la provincia de Concepción, 11 Km al norte de Talcahuano, mide aproximadamente cuatro kilómetros de largo, por 500 metros de ancho. Funcionaba en ella una escuela Naval antes de que fuera usada como centro de detención para prisioneros políticos de Concepción y de la región del Bio-Bio.

Este campo de detención estuvo activo del 11 de Septiembre 1973 hasta comienzos del 1975.

De acuerdo con testimonios de sobrevivientes y de la Cruz Roja, se calcula que más de 1000 personas pasaron por este campo de concentración, de acuerdo con el informe de la Cruz Roja Internacional Según en octubre de 1973 mantenía 552 detenidos.

Los hombres estaban recluidos en el gimnasio de la Escuela, de 50x25 metros, rodeado por alambres de púas y custodiado por guardias. Las mujeres estaban en una habitación de 30x15 metros. Algunos de los pabellones cercanos se usaban para mantener a los presos incomunicados

Reinaldo Luis Jeldres Riveros. 33 Años, Detenido Desaparecido. Septiembre 1973, Chillán.



Regimiento de Los Ángeles
Provincia de Bio-Bio, VIII Región.


Este recinto fue el principal centro de detención y tortura de la provincia de Bio Bio. A él eran llevados detenidos de toda la zona, aprehendidos tanto por militares como por carabineros.

El transporte de los detenidos se hacía colocándoles boca abajo sobre el piso de los camiones militares y luego se iba poniendo más personas, en la misma posición, unas sobre otras.

De esta forma los que se encontraban abajo llegaban a destino en muy malas condiciones físicas o muertos. En este recinto fueron frecuentes las ejecuciones extrajudiciales y el uso de la tortura practicada por personal del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), carabineros y civiles. El lugar donde se practicaban los interrogatorios era la oficina de la Ayudantía del Regimiento. Ese recinto llegó a tener centenares de detenidos, muchos de los cuales, permanecen hasta esta fecha desparecidos.

En este centro estuvo detenido:

Eduardo Toledo Cartes. 36 años. Muerto por torturas. Los Angeles, Agosto 1974.



Tercera Comisaría de Rahue
Osorno, X Región.


En la X Región, como a lo largo del país, se utilizaron comisarías, estadios y recintos privados como centros de detención y tortura. Los testimonios recibidos señalan que en Osorno, la Tercera Comisaría de Rahue, fue el principal centro de tortura utilizado por Carabineros y el Ejército.

Los detenidos eran mantenidos desnudos por varios días, sometidos a interrogatorios con aplicación de electricidad en los testículos, boca y brazos. Ese recinto llegó a tener decenas de detenidos en deplorables condiciones físicas, muchos de los cuales, permanecen hasta esta fecha desaparecidos.

En este centro estuvieron detenidos:

Lucio Hernán Angulo Carrillo. 37 Años. Detenido Desaparecido. Puerto Octay. Septiembre 1973.

René Burdiles Almonacid. 21 Años, Detenido Desaparecido. Puerto Octay. Septiembre 1973


miércoles, 13 de abril de 2011

Allende: El remezón al Capitalismo.

Enmarcado en un proceso histórico, el triunfo de Salvador Allende en la Elecciones presidenciales del año '70, representa un verdadero golpe a la cátedra; considerando no sólo el desenlace de la elecciones anteriores, sino que también considerando el fuerte golpe recibido por la derecha chilena y el imperialismo estadounidense, que desde tiempo antes, había empezado a mover la maquinaria para romper con "el sueño popular".




El aprendizaje y la enseñanza de los Derechos Humanos y el rescate de la memoria Histórica, debe necesariamente enmarcarse en un contexto, los diversos acontecimientos y representaciones no se producen de la nada, sino que responden a una serie de procesos que debemos ser capaces de analizarlos para rescatar aspectos significativos que nos permitan no sólo reconocer, recordar y reflexionar, sino que también reaccionar...hacer y crear diversas instancias de respeto a los Derechos Humanos, que traspasen fronteras y colores...que sean Universales.


lunes, 11 de abril de 2011

CANTO GENERAL: La música en Dictadura

"Hubo pocas canciones en la banda sonora íntima de Augusto Pinochet. Su ignorancia sobre música la pagó la cultura chilena con sangre, censura y vulgaridad"


AUTORA: MARISOL GARCÍA


Sabíamos de su gusto por los libros de Historia, los mariscos y el trote. Pero jamás trascendió qué música privilegiaba Augusto Pinochet en la intimidad. Los periodistas de espectáculos activos en dictadura adivinaban que tras la contratación al Festival de Viña de baladistas como Roberto Carlos se estampaba el fanatismo de Lucía Hiriart, a quien Pinochet acompañó en palco cuando, en 1975, en la Quinta Vergara se apareció el hombre de “Detalles”. Pero ni entonces el Capitán General parecía particularmente entusiasmado. Salvo un par de canciones, pocos músicos lo emocionaron de verdad durante su vida, y ese desdén tuvo un correlato lamentable en la suerte del gremio bajo su mandato.

El siguiente es el retrato parcial y a trazos gruesos —iniciado con el impulso que nos ha dejado una semana de emociones inesperadas— de una faceta que apenas se ha asomado en el debate sobre las consecuencias culturales de la dictadura chilena. En septiembre de 1973, la Junta Militar se hizo cargo de un país que ebullía de creatividad musical, y que al fin lograba afirmarse en una continuidad de publicaciones, figuras y festivales como los que laten en todo país sano. A punta de balas, exilio, censura y vulgaridad la administración de Pinochet silenció todo aquello, y obligó a que la música popular chilena se viera obligada a reconstruir a pedazos una identidad que aún no logramos afirmar por completo. Pero, claro, para esa denuncia no hay Corte a la que acudir.

Folclor nortino al freezer

No se habían cumplido ni tres meses del Golpe de Estado y la dictadura ya había asestado acaso sus golpes más fieros contra la música chilena. Antes del fin de 1973, ningún gremio artístico lloraba más bajas que el de los músicos. Del movimiento de Nueva Canción Chilena, casi no había nombre a salvo: Víctor Jara había terminado sus días con cuarenta y cuatro balazos en el cuerpo, y Ángel Parra pasaba por centros de detención y tortura antes de partir a exiliarse a México. Eran novedades de las que debían enterarse a la distancia los otros nombres emblemáticos del género, pues de sus respectivas giras europeas Inti-Illimani y Quilapayún simplemente no pudieron volver. Súbitamente, gente como Isabel Parra y Patricio Manns habían pasado de las cumbres de los rankings a la clandestinidad, el asilo y el exilio. También el destierro forzado dividió profundamente las carreras de, entre otros, Sergio Ortega, Amerindios, Payo Grondona, Charo Cofré, el Gitano Rodríguez, Aparcoa, y parte de los grupos Cuncumén y Quelentaro.

La Nueva Canción Chilena había sido un movimiento artístico tan íntimamente asociado a la UP, que la Junta Militar consideró su extinción un asunto de primera necesidad. Las oficinas con el estudio de DICAP (sello disquero de las JJ.CC. y catálogo para casi todo el movimiento), en calle Sazié, fueron allanadas la misma semana del Golpe. Los militares buscaban armas, e incautaron, rompieron y/o quemaron cintas con música aún inédita, según recuerda Ricardo Valenzuela, entonces director general del sello, detenido horas después del bombardeo a La Moneda. Hoy que los audios se guardan en computadores desconocemos el valor único que entonces tenían las llamadas cintas-master, cuya inexcusable destrucción explica una de los mayores taras de nuestra memoria cultural. No se ha efectuado aún el debido catastro de todo lo que desapareció en esos meses, tanto en sellos pequeños como en trasnacionales.

Aunque no recuerda la fecha exacta, el productor Camilo Fernández cuenta de una reunión que hacía fines de 1973 se realizó en el edificio Diego Portales, y a la que el entonces ministro Secretario General de Gobierno, coronel Pedro Ewing, lo convocó junto a los mayores ejecutivos de las tres principales disqueras con sede en Chile: EMI, Philipps y RCA:

“Su interés era que dejásemos de grabar música que, en sus palabras, atentaba contra la nueva institucionalidad. De modo especial, nos pidió abstenernos de difundir folclor nortino”.

La razón del recelo hacia la también llamada “música andina”, se explicaba en parte por la difusión masiva que durante la UP había tenido el tema instrumental “Charagua”, de Inti-Illimani, como cortina característica de Televisión Nacional. “Eso hacía que, según Ewing, el gobierno de Allende se asociara a la música nortina”, continúa Fernández. “Yo, que era el único chileno de los convocados, le respondí que qué culpa tenía el norte del uso que le había dado el gobierno. Recuerdo que mi ejemplo fue: Es como si usted nos prohibiera usar la bandera chilena porque se enarboló en muchísimas tomas. Su reacción fue, para mí, inesperada. Me dio la razón inmediatamente: Entonce les pido, por favor, que pongan la música del norte por un tiempo en el freezer. Freezer: ésa fue la palabra. Y ahí terminó la reunión”.

No había tiempo para sutilezas. Tras ser liberado de ocho meses de detención, Ángel Parra le hizo llegar al propio Ewing, una carta manifestándole su intención de quedarse en Chile para continuar con su trabajo musical. La respuesta que recibió fue tajante: “Decía que mi voz, mi estilo y mi cara recordaban a la Unidad Popular. Y que eso era algo que en el país se encontraba prohibido”. En noviembre de 1974, Ángel Parra partía junto a su familia a su exilio en México.

El “asesor artístico” de la Junta

En el contexto de una institucionalidad cultural menos que precaria, la política oficial hacia la música fue una mezcla de saña y torpeza, prejuicio e improvisación. A poco de instalada en el poder, la Junta Militar contactó a Benjamín Mackenna, de Los Huasos Quincheros, para asesorar al regimen en lo que entonces se identificó como “asuntos artísticos”. En su estudio homónimo sobre la Nueva Canción Chilena, el investigador René Largo Farías registra el testimonio del folclorista Héctor Pavez sobre una reunión de fines de 1973 a la que fue convocado junto a músicos como Hilda Parra (hermana de Violeta y Nicanor), Homero Caro y algunos integrantes del Cuncumén, y en la que un grupo de militares encabezado por el coronel Ewing y el propio Mackenna creyeron conveniente indicarles lo siguiente, según descripción de Pavez:

“Nos dijeron la firme: que iban a ser muy duros, que revisarían con lupa nuestras actitudes, nuestras canciones, que nada de flauta, quena ni charango; que el folclor nortino no era chileno; que la Cantata Santa María era un crimen histórico de ‘lesa patria’ [...]; que los Quilapayún eran responsables de de la división de la juventud. Allí supimos claramente que no había nada que hacer, absolutamente nada, a menos que nos transformáramos en colaboradores de la Junta”.

En muy contadas ocasiones se ha referido públicamente Benjamín Mackenna a sus labores de asesoría a la dictadura, oficializadas en el cargo de secretario de Relaciones Culturales de la Secretaría General de Gobierno. En entrevista de hace nueve años con El Mercurio, el músico describió su función como “una labor de extensión cultural. Nunca fui censor ni nada [...]. Mi labor era desarrollar proyectos culturales en el país. A Lafourcade le decía: Oye, puedes hacer unos talleres de literatura en Iquique, o sugería a un grupo de cámara para otra ciudad. Después de dos años [1973-1975] eso pasó al Ministerio de Educación. Pero creo que fue un error mío haber participado activamente, sin desconocer que tenía una adhesión al gobierno militar, porque creo que eso identificó al grupo”.

De eso sí que no hay dudas. Los Huasos Quincheros pasaron a ser el tipo de conjunto con el que la Junta Militar creyó que podría borrar el recuerdo de todos los demás músicos de raíz folclórica lejanos en el exilio. Tanto así, que el grupo se ganó el cupo artístico para representar a Chile en el acto inaugural del Mundial de Fútbol de 1974, en la República Federal de Alemania (y tras el cual no pudieron librarse de los golpes de compatriotas exiliados). Siete años más tarde, serían de nuevo los Quincheros los encargados de darle en Santiago una bienvenida de tonadas y cuecas al polémico Henry Kissinger.

Los músicos de izquierda que se libraron del exilio o la cárcel aprendieron de a poco el modo en el que el autoritarismo inocula el germen de la autocensura. Bandas como Los Blops, Los Jaivas e Illapu simplemente no soportaron quedarse en un país con sus espacios culturales cerrados, y terminaron por partir al extranjero o disolverse. Quienes se quedaron, como Congreso, sólo pudieron hacerlo concibiendo su trabajo como una causa.

“Sé que hoy suena como un acto heroico, pero en esas circunstancias tú no podías sentirte más que el grueso del pueblo de Chile”, explica ahora Pancho Sazo, vocalista del grupo de Quilpué. “Había gente jugándose la vida; entonces cantar era, creo yo, lo mínimo moral aceptable. Era un tiempo en que tenías que aprender a caminar por el borde; cuando el miedo no era tanto por ti, sino por lo que podía pasarles a quienes te escuchaban. Por eso creo que lo peor era la autocensura”.

En ese clima generalizado de temor, en el que cualquier disco con una canción ligeramente contingente era considerado “material subversivo”, y en el que cada recital debía ser aprobado previamente por la intendencia, la precaución y la estupidez se parecían a veces demasiado. En el libro La era ochentera, los periodistas Macarena García y Oscar Contardo reúnen varios ejemplos de la más ramplona censura, desde la vez que se impidió que “Gracias a la vida” ganara un concurso a “La gran canción chilena de todos los tiempos” en Televisión Nacional, a la revisión por parte de los militares de cada verso que se ejecutaría ante las cámaras, incluyendo los veinticuatro ‘ay’ del “Ay, ay, ay” de Osmán Pérez Freire.

Allí donde a los uniformados más les pesaba su rigidez era frente a cantautores de difícil clasificación, sin militancia izquierdista conocida pero tampoco aparente encandilamiento ante las charreteras. Un caso emblemático fue el de Fernando Ubiergo, el cantautor que a los 22 años había convertido en hit “Un café para Platón”, y que en 1978 ganó el Festival de Viña con otro tema de letra ambigua: “El tiempo en las bastillas”. Sin vínculo alguno con la generación de músicos simpatizantes de la UP, de llegada rápida entre el público femenino y un gusto por la ropa sencilla y blanca, Ubiergo era un artista atractivo para la redefinición cultural que pretendía la dictadura. Pero el cantautor fue el ahijado que Pinochet nunca pudo llegar a tener. Las tres veces que el Comandante en Jefe le hizo llegar invitaciones personales para conocerlo (la primera de ellas, al día siguiente de ganar Viña), Ubiergo se atrevió a negarse. El desdén tendría sus costos.

“Cuando estoy a punto de editar mi segundo disco [Ubiergo, 1979], la gente de IRT me comunica que debo sacar ‘por órdenes superiores’ cinco canciones que ya estaban grabadas”, recuerda el músico y hoy presidente de la SCD. Los títulos cuestionados eran probablemente más conflictivos por sus autores que por su contenido: “Poema XV”, de Pablo Neruda; “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara; “La era está pariendo un corazón” y “Canción del elegido”, de Silvio Rodríguez; y uno del propio Ubiergo (“Tango esmog”). “Me opuse rotundamente, y ahí comenzó un proceso dramático, durante el cual llegué incluso a esconderme 23 días en el Cajón del Maipo, solo y aterrado ante un sinfín de rumores que aseguraban que me estaban investigando a mí y a mis padres. Sé que muchos comentaban que yo era un comunista solapado”.

Una nota de la época en el diario La Segunda, consigna que “el último LP de Fernando Ubiergo, que debería haber salido a la venta hace dos semanas, ha sido suspendido por autoridades de gobierno”. Allí mismo, el director del sello IRT, José Manuel Silva, negaba por completo la censura. Ubiergo consideró el hecho una traición y decidió renunciar al sello, para abrazar al poco tiempo una oferta de continuar su carrera en España. Del álbum salieron más tarde sólo mil copias, un tiraje absurdo para quien venía de vender 150 mil discos, y que hoy recuerda que “mi mayor decepción no era de los militares sino que de los civiles. Ante estos asuntos, había gente dispuesta a quedarse callada y aceptar cualquier imbecilidad. Lo que yo más escuchaba en esa época era la frase: Viejito, ¿para qué te metes en las patas de los caballos?“.

Dos años más tarde, Gloria Simonetti convertiría en éxito su versión para “Ojalá”. La cantante venía intentando hacía meses mostrar el tema por televisión, pero el único que se lo permitió fue Raúl Matas en un “Vamos a ver”. La trova cubana entraba al fin a Chile en la voz de una asumida pinochetista.

La canción oficial

El paseo de cantantes por Televisión Nacional proveía a la dictadura de una cierta legitimación que coronó en 1977 el llamado Acto de Chacarillas. Setenta y siete famosos le prestaron entonces su rostro a Pinochet, contando futbolistas, animadores, actores y cantantes como Juan Carlos Duque, Cristóbal, Nano Vicencio, Juan Antonio Labra, Andrea Tessa, Roberto Viking Valdés y José Alfredo Fuentes. La negativa a ése u otros actos oficialistas podía tener consecuencias no necesariamente físicas, pero sí financieras. Un ‘no’ a los militares era cerrarse las puertas por fuera de los escasos espacios que entonces podían pagar la labor musical. Lo supieron músicos diversos que no quisieron aparecerse por cumpleaños de generales ni conciertos en regimientos. Entre los que decepcionaron a Pinochet se cuentan el baladista Osvaldo Díaz, el uruguayo Gervasio, el ya citado Fernando Ubiergo y Denisse, la rockera de Aguaturbia.

Lo aprendió también a punta de errores Luis Dimas, cuyo largo autoexilio en Canadá lo había mantenido al margen de los avatares políticos locales y a los códigos soterrados de la dictadura. En el estupendo libro El rey desnudo, los periodistas Sergio Benavides y Sebastián Montecino cuentan del accidentado show que debió montar el cantante para el Festival de Viña de 1977, antes del cual dos agentes le prohibieron incluir un tema del italiano Doménico Modugno (“inconveniente para las circunstancias que vive el país”, según los censores). Al final de su actuación, se le acercó un fan inesperado: el entonces oficial de Ejército Álvaro Corbalán, con quien forjó desde entonces una amistad constante que beneficiaría los contratos laborales del artista a la vez que las ansias de espectáculo del uniformado (un sujeto con mucha mayor influencia sobre la pauta artística de los medios masivos bajo dictadura de lo que ha llegado hasta ahora a consignarse).

La relación con Corbalán sería a la larga un camino sin retorno para Dimas, quien en 1987 terminaría accediendo a firmar el acta de militancia de Avanzada Nacional y se convertiría en número fijo de varias giras nacionales de Pinochet, en las que también participaban otros amigos de Corbalán como Patricio Renán, Magali Acevedo, Patricia Maldonado y “Los Nuevos” Perlas. Pero la feble convicción ideológica de Dimas le impedía un compromiso incondicional. Su homenaje a Ricardo García (el ex locutor radial y fundador de Alerce, figura emblemática de la izquierda) durante una edición del “Festival de la Una” fue el inicio de un quiebre oficializado poco antes del plebiscito de 1988, cuando el cantante rechazó un contrato millonario para participar en un acto de campaña del ‘Sí’. No faltaron nombres para reemplazarlo. Aunque hoy parezca que los músicos pinochetistas son una rareza, hace menos de veinte años, no costaba tanto encontrar a quien quisiera plantarse al frente de su mirada recién apagada y entonarle con convicción los versos de “El rey”.


miércoles, 6 de abril de 2011

ESTADIO NACIONAL: UN VIAJE POR LA MEMORIA

"...Recuerdo que estabamos unas cuatro filas de presos, seríamos unos doscientos, sólos, rodeados de soldados y apareció un oficial con un tipo encapuchado...tenía los ojos abiertos y el encapuchado pasó frente a cada uno de nosotros y de renpente indicaba.."éste" decía...y lo sacaban..era el famoso encapuchado del estadio, que temblabamos cuando sabíamos que venía el encapuchado..y a toda esa gente la fusilaron..."



PRODUCCIÓN: Agrupación Metropolitana de Ex Presas y Presos Políticos - Universidad de Chile (Departamento de Antropología)